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viernes, 16 de marzo de 2012

Cinco maneras de conectarse espiritualmente con la máquina expendedora de boletos del “bondi”


Según un estudio realizado por Mariano Rodríguez, un día que estaba al pedo y mientras esperaba que le llegara su tarjeta SUBE, al menos un tercio de nuestra vida la pasamos en algún medio de transporte. Yo le dije, la verdad me importa muy poco, pero si querés después de comer armo algo con este dato totalmente obsoleto.

Ahora bien no pensemos en todos los transportes porque si no es un importante bardo en el que no nos queremos meter, recortemos esa esfera de la vida simplemente al controversial “bondi”, ese lugar donde todo puede suceder y donde la vida misma se ve reflejada en su más aturdida esencia.

Tal vez no prestaron atención pero todas las personas encaran la máquina expendedora de boletos de manera diferente… y eso es lo que atañe a nuestro relato del día.

Cinco maneras de conectarse espiritualmente con la máquina expendedora de boletos del “bondi:
1
-     
          EL CARIÑOSO: sujeto peculiarmente amoroso que se abalanza sobre dicha máquina y la sujeta con tal vehemencia que la misma se siente confortada y contenida. El individuo no concibe su universo lejos de ella y espera “sostenerla” entre sus brazos eternamente… aunque en el fondo sabe que no solo no es correspondido, sino que esta quedando ante todos como un “rarito”.
2
-        EL DISTANTE: sujeto frío y frívolo que quiere interactuar lo menos posible con el elemento expendedor. No quiere trabar vínculos de ningún tipo solo le importa el éxito de la transacción para poder continuar con su camino. Suele ver la máquina como un estorbo algo que solo le quita tiempo del placer de apoyar el culo en un asiento y viajar.
3
-        EL INCOMPRENDIDO: el momento de chocar contra la máquina le provoca estrés, su vida entra en un declive emocional interminable que no se socava sino hasta que llega a su cama y se coloca en posición fetal a maldecir al mundo entero. Suelen demorar, pero más que nada por el hecho de su propia angustia existencial. Se enfrentan con la máquina bajo la premisa de que ninguno de los dos comprende al otro… de fondo la gente putea porque es así la vida.
4        
      El FASTIDIOSO: todo acto de relación con la máquina expendedora es un momento propicio para maldecir la asquerosa vida que lleva. Nada le gusta, no hay boleto que le venga bien, ni moneda o tarjeta que aliviane su ira. Sujeto propenso a pegarle golpes a la máquina ante cualquier demora de más de 1 segundo. Suele direccionar su ira de manera explosiva contra todo ser que le rodee.
5
-        El RELAJADO: ser sumamente odiado por el resto de los pasajeros. Vive la vida con alegría y felicidad, se toma su tiempo para saludar al colectivero y preguntarle cómo esta su adorado can. Dialoga con la máquina y se solidariza con el maltrato que recibe de cada pasajero que va y viene a cada hora, y que desquita su vida misma en ella. Ambos se entienden y se compenetran, la máquina llega a adorar la llegada de individuos así… pero lo bueno dura poco.

Bueno hasta aquí hemos esbozado un nuevo análisis de la vida cotidiana que no debemos descuidar a la hora de conocernos mejor entre nosotros, ya sea porque nos queremos o simplemente porque nos necesitamos… Ahora a prestar atención y jugar en casa entre todos para identificar en qué lugar se colocaría cada uno a la hora de enfrentarse con la máquina que está en los colectivos y sirve para darnos el boleto que después vamos a tirar, porque nadie nos lo va a pedir.


Santiago Gomez- Escritor de cosas

Ranelagh, un lugar entre Quilmes y la nada

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