Según un estudio
realizado por Mariano Rodríguez, un día que estaba al pedo y mientras esperaba
que le llegara su tarjeta SUBE, al menos un tercio de nuestra vida la pasamos
en algún medio de transporte. Yo le dije, la verdad me importa muy poco, pero
si querés después de comer armo algo con este dato totalmente obsoleto.
Ahora bien no
pensemos en todos los transportes porque si no es un importante bardo en el que
no nos queremos meter, recortemos esa esfera de la vida simplemente al
controversial “bondi”, ese lugar donde todo puede suceder y donde la vida misma
se ve reflejada en su más aturdida esencia.
Tal vez no
prestaron atención pero todas las personas encaran la máquina expendedora de
boletos de manera diferente… y eso es lo que atañe a nuestro relato del día.
Cinco maneras de
conectarse espiritualmente con la máquina expendedora de boletos del “bondi”:
1
-
EL
CARIÑOSO: sujeto peculiarmente amoroso que se abalanza sobre dicha máquina y la
sujeta con tal vehemencia que la misma se siente confortada y contenida. El individuo
no concibe su universo lejos de ella y espera “sostenerla” entre sus brazos
eternamente… aunque en el fondo sabe que no solo no es correspondido, sino que
esta quedando ante todos como un “rarito”.
2
-
EL
DISTANTE: sujeto frío y frívolo que quiere interactuar lo menos posible con el
elemento expendedor. No quiere trabar vínculos de ningún tipo solo le importa
el éxito de la transacción para poder continuar con su camino. Suele ver la
máquina como un estorbo algo que solo le quita tiempo del placer de apoyar el
culo en un asiento y viajar.
3
- EL
INCOMPRENDIDO: el momento de chocar contra la máquina le provoca estrés, su
vida entra en un declive emocional interminable que no se socava sino hasta que
llega a su cama y se coloca en posición fetal a maldecir al mundo entero.
Suelen demorar, pero más que nada por el hecho de su propia angustia
existencial. Se enfrentan con la máquina bajo la premisa de que ninguno de los
dos comprende al otro… de fondo la gente putea porque es así la vida.
4
El
FASTIDIOSO: todo acto de relación con la máquina expendedora es un momento
propicio para maldecir la asquerosa vida que lleva. Nada le gusta, no hay
boleto que le venga bien, ni moneda o tarjeta que aliviane su ira. Sujeto
propenso a pegarle golpes a la máquina ante cualquier demora de más de 1
segundo. Suele direccionar su ira de manera explosiva contra todo ser que le
rodee.
5
-
El
RELAJADO: ser sumamente odiado por el resto de los pasajeros. Vive la vida con
alegría y felicidad, se toma su tiempo para saludar al colectivero y
preguntarle cómo esta su adorado can. Dialoga con la máquina y se solidariza
con el maltrato que recibe de cada pasajero que va y viene a cada hora, y que
desquita su vida misma en ella. Ambos se entienden y se compenetran, la máquina
llega a adorar la llegada de individuos así… pero lo bueno dura poco.
Bueno hasta aquí hemos esbozado un nuevo análisis de la vida cotidiana que
no debemos descuidar a la hora de conocernos mejor entre nosotros, ya sea
porque nos queremos o simplemente porque nos necesitamos… Ahora a prestar
atención y jugar en casa entre todos para identificar en qué lugar se colocaría
cada uno a la hora de enfrentarse con la máquina que está en los colectivos y
sirve para darnos el boleto que después vamos a tirar, porque nadie nos lo va a
pedir.
Santiago Gomez- Escritor de cosas
Ranelagh, un lugar entre Quilmes y la nada
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