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domingo, 18 de julio de 2010

Te cuento una historia


Así empezó una vez la misma historia y nadie jamás intento ponerle un alto, y todo poco a poco fue tendiendo a caer a lo más profundo del rencor.
¿Cómo fue que aquel sueño se convirtió en el tormento y pesadilla más hiriente para tu corazón? Yo no se si fuese sorbo de ansiedad que bebiste buscando escaparle a la verdad, tal vez fue esa copa que se estrelló contra el suelo y en mil pedazos te dejó.
Con violenta confianza maquillabas el camino para burlar al acechante destino que implacable se presentaba resquebrajando tu piel.
Eras flor brillante en el jardín de las gardenias que en un rincón contemplaban lo que una vez fue revestido por el más hermoso rosal. Compré tu calma convencido que era el secreto que le ocultaban a mi razón, brindamos todos ante tus pies por lo radiante que parecía el sol al estar en tu regazo. Y fue la historia jamás contada, fueron la dicha y la fortuna consagradas por un instante como el momento más eterno.
¿Cómo fue que te gobernaron las ansias de envenenar el paraíso y condenarnos al exilio? Fuimos ciegos creyentes de una utopía sin cielo de una religión sin dios, como esclavos mismos de un amargo rey que condenó nuestras almas al tormentoso infortunio de perder el corazón.
Debimos enterrarte mientras pudimos y por necios pagamos el alto precio de vagar sin rumbo entre la niebla llevando a cuestas aquella miel que alguna vez fue dulce, pero que termino convertida en la sal de nuestras heridas.
Callar entonces da lo mismo cuando estamos en la distancia, cosechamos el fruto de nuestra impía ilusión, apostamos con creces por un sol que jamás pudimos ver.
A veces en sueños sueles reencarnar como vistoso paisaje sin tiempo, mis hermanos te recuerdan, mis hermanos sollozan en silencio por tu causa, lo se porque los he visto clamar a la nada por esas heridas que no dejan de sangrar…
Fuimos algo alguna vez en tu tierra, pero ¿A qué precio? ¿A qué precio hermanos míos vendimos los sueños por creer que podríamos ganar?
Si aquellas cosas que una vez pusimos en juego se volcaron en contra nuestro, en la memoria solo son tormentos, solo son llamas de un rencor latente que se confunde con la calma de aguardar por el futuro de una nueva tierra de promesas…de nuevas batallas por buscar nueva fortuna…
Santiago Gómez

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