Relata mi pueblo sus ideales de libertad y dignidad junto al fogón de un pasado de sombras. Unos cuantos leños gastados por el invierno que se acaba de ir y una ardiente llama que contrasta con la luz de una luna renovada de ambición.
Hay historias de furia, de amor, de dolor. Quiero contarles que mi pueblo jamás olvida y graba en la piedra aquellos cuentos que se han forjado para alcanzar la eternidad. Ya no se escucharán silencios que opaquen las palabras, las risas de curiosa esperanza se dibujan en el cielo y se desdoblan en el viento para cubrirlo todo.
Ciertas veces cuando algún anhelo comienza a palidecer se oye desde lo lejos un grito casi desgarrador que no quiere decaer, solo busca estallar, porque el silencio corrompe las almas, porque el vacío es el principio de la nada.
Llevamos pesares es verdad, pero a la vez, sabemos que tenemos la fuerte convicción de que no hay sol que este tan lejos como para ser inalcanzable.
Nunca es demasiado tarde para quién aún sueña con lo que esta por venir y así alimentamos las noches con el deseo ardiente de no dormirnos en la nostalgia, porque solo quién fortalece su andar esta a salvo de no tropezar cada vez que mira atrás.

